Marco Teórico

El reflejo dentro del cual nos reconozco… identidad

Dentro de los primeros puntos por desarrollar dentro de este trabajo es llegar a  enfatizar que la identidad, es el eje central del cual se desprenden los demás conceptos y términos que nos ayudaran a visualizar la complejidad del tejido social que abarca dicho concepto.

Cuando se habla de identidad, tenemos que comprender, que no somos capaces de llegar a entenderla antes sin pensar en muchos más términos y relaciones sociales  que hacen que la identidad como tal sea posible.

Al hablar de identidad, estamos hablando de uno de los pilares de las dinámicas sociales, uno de los fundamentos de cualquier tipo de interacción entre personas y grupos, la identidad se constituye como uno de los elementos que nos explican la manera en que nos comportamos, nos dividimos o nos excluimos entre nosotros mismos.

Diferentes estudiosos  han abordado este concepto desde diferentes perspectivas, aún así todas tienen un denominador común, en cuanto se entiende como un elemento que cohesiona a los diferentes actores sociales.

La identidad cultural intenta dar sentido y justificar las acciones del ser humano. A partir de aquí, los juicios de valor, los prejuicios y lo “correcto y lo malo” empieza a tener sentido, puesto que como grupo social, perfilamos, gracias a esa identidad cultural, los referentes específicos de grupo social al que pertenecemos.

Ya que cuando hablamos de identidad hablamos también de un algo imaginado que es compartido y reconocido por un grupo de personas que viven dentro de un espacio geográfico específico o no.

Cuando hablamos de identidad cultural nos referimos a un concepto que abarca diversos fenómenos entre distintos grupos culturales, fenómenos que edifican continuamente significados, símbolos que dotan de sentido las distintas dinámicas sociales dentro de cada uno y que a su vez resultan complementarios entre sí.

Por un lado se encuentra la forma en que un grupo de personas se siente identificado y asociado con una cultura en particular y por otro la manera en que este grupo se ve, se siente y se compara con respecto a otros grupos culturales.

Podríamos decir entonces que el concepto de identidad cultural se basa entonces en “…la pertenencia a un grupo (identidad) y la diferenciación de “el Otro” (alteridad).” (Alsina, et al 1997: 7)

De igual forma, tal y como lo mencionan estos(as) autores(as), es “mediante ese juego de la pertenencia y la exclusión es como se construye la identidad cultural. De hecho, la función de la identidad cultural es la de diferenciación, de la construcción de “el Otro” para poder ser.”

El tema de identidad comienza a ser considerado dentro de las ciencias sociales, a partir de la necesidad que existe en las sociedades de los años sesentas y setentas para cuestionar una relación de dominación de cierto grupo o reivindicar una autonomía, sea de origen étnico o regional.

Dentro de este eje la importancia de los temas de identidad han tomado un rumbo muy sólido y esencial para las luchas de los diferentes movimientos sociales, como se puede descubrir en la lectura llamada “Materiales para una teoría de las identidades sociales” escrita por  Gilberto Gimenez:

“En diferentes puntos del mundo, los movimientos de minorías étnicas o lingüísticas han suscitado interrogaciones e investigaciones sobre la persistencia y el desarrollo de las identidades culturales. Algunos de estos movimientos son muy antiguos (piénsese, por ejemplo, en los kurdos). Pero sólo han llegado a imponerse en el campo de la problemática de las ciencias sociales en cierto momento de su dinamismo que coincide, por cierto, con la crisis del Estado-Nación y de su soberanía atacada simultáneamente desde arriba (el poder de las firmas multinacionales y la dominación hegemónica de las grandes potencias) y desde abajo (las reivindicaciones regionalistas y los particularismos culturales)” ((Lapierre,:1984: p. 197). Citado por Gimenez, G.:1997: pp.1)

Sin embargo, en la actualidad los estudios de identidad han incrementado debido al nuevo proceso que empezó a “achicar” el mundo, la globalización y la transnacionalización de las franjas fronterizas, entre los países y sobre todo entre las comunidades.

La identidad como podemos ver es la creación de simbologías, de creencias, practicas entre otros donde soy capaz de reconocerme y donde reconozco a los otros que la comparten conmigo, así como el reflejo que se proyecta dentro de un espejo pero el cual alberga una mayor cantidad de personas, y dentro del cual de la misma forma nos diferenciamos con matices de dicho reflejo.

La identidad cultural, o social, afecta en la percepción del mundo de las personas que la comparten teje en el medio, comprensiones del mundo específicas y detalladas,

Jesús A. Valero, en su artículo Cultura, sociedad e identidad. Elementos cardinales en la interpretación epistemológica de la exclusión (s.f), menciona la clasificación que elaboró Castells sobre la identidad, en donde distingue tres:

· Identidad legitimadora

· Identidad para la resistencia

· Identidad proyecto

La primera se conecta con los nacionalismos, las instituciones son utilizadas como instrumento de dominación y expansión. Excluyen otro tipo de cultura, “impone su constructo cultural como ideario de nación, enlazándolo por medio de las simbologías y con sus espacios culturales imaginados” (Valero, J.s.f).

La segunda, corresponde a los actores estigmatizados o devaluados por razones de dominación, colectivos que sufren de rechazo, fundamentalismo religioso etc. A pesar de que ellos son rechazados, ellos también rechazan los valores culturales de la sociedad en donde están inmersos. Con esto, nace un fenómeno dialéctico interesante, en donde un colectivo se siente incomprendido y rechazado, pero ellos mismos emplean argumentos idénticos a los de sus “enemigos”. Lo que sucede en estos casos es una negación del otro; y para que esto suceda deben existir dos elementos:

· La existencia de un yo sobredimensionado que niegue cualquier  identificación contraria a la suya

· El otro (amenazante)

Es importante mencionar que en este fenómeno, la identidad cultural juega un papel primordial, puesto que esta misma le permite a la colectividad asumir los valores de grupo, se conforma entonces una percepción de mundo que modifica su acción y así comienza a determinar una nueva definición “desde adentro hacia afuera”, creando una aversión hacia cualquier reflexión que venga del otro.

Ahora bien, han existido esfuerzos por hacer una homogenización de las identidades mediante proyectos nacionales con discursos forjados en los marcos del Estado – Nación, también la “ciudad letrada” y los sistemas educativos han contribuidlo a la legitimación los discursos  sobre identidad cultural; con esto se ha logrado hacer coincidir cultura, identidad y nación como símbolos de pertenecía histórica.

Identidades culturales en el Caribe Americano

La historia colonial del Caribe Americano ha llamado la atención de varios estudiosos, puesto que se trató de un proceso en el que la intervención española fue más bien accidentada, debido a que los grupos nativos presentaron una resistencia importante, y buscaron aliarse más bien con ingleses principalmente.

Algunos autores consideran que para poder explicar la cultura del Caribe es necesario entender el peso que tiene la institución esclavista, la cultura europea y la importancia del legado cultural africano. Todos estos elementos fueron importantes para la construcción de la identidad de estos pueblos; sin dejar de lado la esclavitud africana, como componente que se integró en la dinámica social de dicha zona, y que inevitablemente transformó no solo el “paisaje cultural” sino la socialización de ambas agrupaciones (indígena – africano). Por lo tanto, estos pueblos se desarrollaron bajo una lucha por su propia supervivencia y autoafirmación frente a formas de opresión fuertes.

“El ambiente tan abrumador del entorno colonial provocó que todos estos sectores s sientan “British people”, puesto que auténtica identidad se pierde en la noche inmemorial de la trata, el Evangelio, de la esclavitud” (Pierres, G pp151)

De este entramado sociohistórico se construyó la identidad del hombre caribeño, con su ritmo, creatividad y sexualidad como elementos identitarios, caribeños por su inserción en un medio natural tejido por la inmensidad del mar, la movilidad del aire y la belleza del entorno tropical (Idem pp 153)

La globalización transformando cada espacio de nuestras vidas… de aquello que compartimos

La globalización, muchas veces se queda renegada a un pensamiento económico, son incontables las veces en que se escucha hablar acerca del mercado global. Dejando de lado así muchas de las formas en que este evento o proceso modifica e influye dentro de las realidades cotidianas de las personas y de las comunidades en general.

Si queremos comprender este hecho debemos también abarcar la manera en que la globalización ha creado una dinámica algo distinta dentro de las relaciones del mismo mercado, ya que la nueva manera de actúa de este es agarrar parte de lo que las personas consideran su identidad e incrustarlo en la actividad económica dentro del mercado capitalista.

Si queremos realmente ser concientes de los cambios y transformaciones que ha ido teniendo el mundo actual, debemos comprender el hecho de que la economía, o el mundo económico se ha convertido en el centro movilizador de casi todas las dimensiones humanas, y afectando así directamente las vidas concretas de todas las personas que habitamos este planeta.

La identidad entonces así se trasforma, o mas bien se ha empezado a mercantilizar para poder responder a un sistema que ha utilizado las mejores armas para seguir existiendo. Es por esto que el tema de identidad se ha convertido en los últimos años el eje de las investigaciones sociales ya que ha sido llevado a  procesos muy fuertes en los últimos años.

Es evidente descubrir la palabra “desarrollo” o “progreso” más de una vez dentro de todos  los discursos políticos. Esto ha llevado consigo la construcción de un tejido  o un imaginario que se ha ido expandiendo y haciendo compartido. Esto ha traído como consecuencia directa una serie de sacrificios para llegar a tal “progreso” o “desarrollo” ya sea nivel nacional o de comunidad.

Siendo así la economía la tecnología y las comunicaciones  son el eje dentro del cual se toman decisiones en términos nacionales, es importante recalcar que la palabra progreso o desarrollo en nuestro país ha calado e una manera exorbitante dentro de las políticas que se han implementado en las diferentes comunidades que habitan dentro de este territorio.

Es inseparable como el desarrollo o el progreso entra dentro de las comunidades, primero de una manera imaginaria y después de una manera concreta, en nuestro caso nos interesa como el turismo se convierte o se ha convertido en el plan o proyecto económico de interés nacional y comunal.

Los imaginarios sociales y la creación de las simbologías… creando y configurando los espacios

Después de esta contextualización debemos mencionar la creación de los imaginarios sociales, como punto esencial dentro de las creaciones de las identidades.

Primero al referirnos a imaginario, debemos reconstruir esa  manera concreta de  como las personas imaginan o recrean su entorno social, y como este es capaz de manifestarse a través de imágenes historias y leyendas.

En su concepción colectiva un imaginario social, es lo que comparten un grupo de personas, o una sociedad, la cual a demás hace posibles las prácticas comunes y un sentimiento ampliamente compartido por quienes conforman estos grupos de personas. Los imaginarios pasarían a ser colectivos porque se entretejen dentro de un marco de las relaciones sociales condiciones históricas y sociales para que sean colectivizados, o instituidos socialmente. Y se vuelve en el motor de la interpretación de las realidades sociales.

“Los imaginarios sociales tienen una función primaria que se podría definir como la elaboración y distribución generalizada de instrumentos de percepción de la realidad social construida como realmente existe” (Pintos. JL: 2009:28)

El reconocimiento, es una categoría socio cultural de la construcción humana que ha sido instituida  y legitimada. Lo imaginarios se convierten en las matrices del sentido existencial como elementos coadyuvantes de la elaboración de sentidos subjetivos atribuidos al discurso, al pensamiento y a la acción social.

Dentro de estos imaginarios e imágenes simbólicas compartidas de auto reconocimiento y de reconocimiento, de esos que podríamos considerar los otros que a su vez, integran el nosotros, creando así estas líneas fronterizas imaginadas dentro de un colectivo, lo que se podría decir como alteridad.

En la creación de los imaginarios es esencial el universo simbólico, ya que este comienza a tener vida a partir de esas representaciones que plasmamos y plasmaron en el pasado. Dentro de estas imágenes o símbolos, somos capaces de reconocernos y de descubrir en primera instancia ese mundo simbólico, que se concretiza en las acciones, practicas, creencias, ritos y apropiaciones de los espacios cotidianos, que vamos plasmando dentro de los lugares que nos pertenecen y a los cuales  pertenecemos.

La creatividad forma parte básica de esta creación de los imaginarios, ya que es la plasticidad humana en todas sus dimensiones, las que hacen posibles un mundo de fantasía que es compartido por un grupo de personas y dentro del cual es posible el reconocimiento y la creación de una identidad cultural.

Estas simbologías que se plasman tanto dentro del mundo imaginado y el mundo concreto, se van construyendo y de-construyendo conforme el movimiento de los seres humanos a lo largo del tiempo y el espacio compartido. Por eso podemos ver los cambios generacionales que suelen evidenciar lo anterior en muchas de nuestras relaciones y espacios compartidos en nuestras realidades más próximas.

Dándole así una resignificación y una nueva configuración a ese sentido de identidad y de apropiación de los espacios. Evidenciando así, el constante movimiento que poseen las identidades colectivas dentro de los grupos humanos a lo largo de la historia.

El turismo, el turista desde lo exótico hasta lo cotidiano…

La identidad no puede ir desligada del espacio, ya que es este arraigo a un espacio es el que crea apropiación de sus pobladores por medio de simbologías que se logra tejer practicas culturales, organizaciones sociales, rituales, jerarquías, estructuras sociales.

La identificación es como me reconozco en las simbologías del entorno, en el espacio físico en un determinado momento histórico y por esto es que la utilización de el material audiovisual se va a convertir en la técnica con mas peso dentro de este trabajo de investigación, ya que se pretenden comprender y capturar la mirada de los habitantes con respecto a sus simbologías identitarias.

Dentro de la creación de estas simbologías dentro del desarrollo estético de la zona,  el auge turístico tiene un impacto que transforma y configura las identidades culturales de la zona, en este caso cahuiteñas.

De esta manera el desarrollo en la infraestructura de la comunidad, transmite simbologías desde las imágenes que se plasman las cuales no solo transforman el paisaje de la comunidad si no que de la misma manera tienen un impacto dentro de las identidades culturales de las comunidades.

Además de que el constante flujo de extranjeros a la zona hace que exista una interpelación de las identidades entre las locales y las extranjeras, lo cual crea un constante flujo de códigos y símbolos entre las diferentes culturas trasformándolas.

“El mundo del turista esta total y exclusivamente estructurado por criterios estéticos (cada vez mas escritores advierten la estatización del mundo posmoderno en detrimento de sus otras dimensiones, también morales, lo describen –aun cuando no sean consientes de ello-como si fuera visto por el turista; el mundo estetizado es un mundo habitado por turistas…” (Bauman: 2003: pp41)

De esta manera se puede comprender que el turismo como actividad económica de interés nacional crea una transformación dentro de las diferentes realidades de los habitantes de la zona. Si el turismo se convierte en el centro de la actividad económica de una zona, hace que la estética de dicha zona tenga una formación simbólica que de la bienvenida a dichos extranjeros. El turismo pasó de ser un marginado, y actividad marginal al centro, con el cual se incorpora un desarrollo determinado en la zona.

Estudios que se han efectuado confirman que ante el desarrollo del turismo, los precios de la tierra suben, al igual que los productos locales como en el caso específico de Cahuita, el pescado y el aceite de coco entre otros; esto provoca que la comunidad sufra económicamente más de las ganancias que pueda recibir.

Otro ámbito que menciona Palmer en su libro es sobre los patrones arquitectónicos:

“Ya nosotros hemos detectado que hay una cierta arquitectura en Cahuita que se está perdiendo en función de nuevos materiales de construcción. Es un proceso de aculturación. Ya la gente ha olvidado construir esas casitas, y entonces se está perdiendo el paisaje” (Señor Ramírez, citado en Palmer, pp 341).

Este fenómeno es una realidad constante dentro de la comunidad cahuiteña, y esto mismo nos refleja que la arquitectura de un pueblo, no se conforma como una construcción insertada en el paisaje, sino por el contrario, la misma arquitectura abre los espacios de identificación colectiva, responde a las identidades tanto de cada persona como de las masas, de ahí que tome relevancia para el paisaje físico como el paisaje “psíquico”.

De esta realidad se desprende el escenario sobre la participación de los pobladores, al existir un turismo en Cahuita, los pobladores han de integrarse de alguna manera, es un proceso casi inevitable; ahora, dicho contexto nos dice que los costeños han considerado la apropiación de hoteles, cabinas y restaurantes que estén en sus propias manos, que ellos mismos los dirijan y administren, esto implicaría que se desarrolle un turismo bajo la lógica de la convivencia, que los turistas logren participar en la vida cotidiana del pueblo.

Aún así, el turismo como fenómeno cultural, ha implicado a lo largo de los años, la intervención, casi inevitable, de diferentes entidades interesadas, por lo tanto en la comunidad de Cahuita específicamente, este desarrollo turístico podría reflejar de una u otra manera el grado de autonomía que los mismos pobladores han querido lograr. Esto es relevante, ya que la autonomía de un pueblo se conforma bajo una lógica de autorregulación y por lo tanto de conservación de sus propios valores sociales; habría que evaluar cuanto de esta realidad cahuiteña ha permitido construir en cada uno de los pobladores, la autonomía y por lo tanto la autoafirmación como pueblo, como colectivo.

La libertad que aun no sabemos como obtener…

Dentro de un contexto así, consideramos que resulta necesario e indispensable que el Estado juegue un papel en donde se pongan en prácticas políticas sociales de inclusión, respetuosas con los distintos grupos culturales y sus distintas manifestaciones sociales y modos de vida alternativos.

Para que exista una plena libertad cultural, esta debe ir acompañada del respeto y el derecho a la autodeterminación de los pueblos, de la diversidad cultural que reclama como menciona Stavenhagen (2001: 21) mantener sus identidades culturales, eligiendo la forma de gobierno bajo el cual se quiere vivir y tomando participación en cuanto a la resolución de sus propios asuntos, siendo esto un tipo de autodeterminación interna dentro del marco de ciertas estructuras estatales.

La autodeterminación de los pueblos corresponde a un asunto de principios universales como lo son  la libertad, igualdad de oportunidades, la búsqueda de la felicidad, el derecho de elegir; además, “desde su inclusión en los documentos de las Naciones Unidas relativos a los derechos humanos también ha sido considerado como un derecho humano fundamental” (Stavenhagen, 2001: 21)*

Es claro, que para que se desarrolle un tipo de autodeterminación dentro de un pueblo, es necesario iniciativa y aspiraciones de esta por parte de sus habitantes. Sin embargo también es indispensable un Estado que lo facilite, y si hablamos de  un país en donde ha existido una acentuada discriminación hacia la diversidad cultural dentro de sus políticas sociales, es difícil creer que exista un tipo de libertad  que permita la manifestación en todo su esplendor de este enorme bagaje cultural y más si se tiene en consideración que esto podría significar “ el rompimientos de las unidades sociales existentes” (Stavenhagen, 2001: 21) que le dan cohesión al Estado a través de ciertas políticas y una noción particular de “identidad nacional”.

Las distintas identidades culturales han pasado a formar parte de un juego en el que oscilan entre dos polos “…el polo de una singularidad desconectada y el de una unidad globalizante poco respetuosa de las diferencias” (Benoist, 1987: 15). Por un lado se encuentra excluida al no formar parte del sistema hegemónico y por ende no serle útil (lucrativo) y por otro la pérdida de sentido de identidad dentro de un mercado tan amplio.

La libertad cultural es un concepto construido socialmente y al cual se le pueden atribuir múltiples significados, dependiendo del contexto en el que se observe. Libertad cultural es un concepto muy ambiguo y se debe tener cuidado con respecto a cuál será el término que se está empleando para denominarla; es importante preguntarse bajo qué razones esta persona decide cambiar su estilo de vida, qué lo mueve a hacerlo, qué tipo de educación ha recibido, ¿acaso será que dentro de esa supuesta libertad cultural se esconde una persona excluida por la sociedad que busca integrarse para empezar a ser tomada en cuenta? Quizás, en el momento en que nos vayamos percatando de todos estos factores condicionantes de nuestra libertad y el Estado empiece a desarrollar políticas respetuosas con las distintas identidades culturales, empecemos a construir una vida más plena en donde las diferencias nos enriquezca mutuamente.

Un comentario

21 11 2009
vivianaob

Me gusta mucho el tema y la forma como lo van a abordar.

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